Juana Recinos,
Hoy en día vivimos uno de los momentos más críticos en todos los sectores sobre los cuales desarrollamos nuestra vida cotidiana, debemos hacer frente a la pandemia denominada COVID-19, está llegando a todos los rincones del mundo, trastocando nuestra tranquilidad, seguridad, viviendo con miedo y tratando de luchar con un enemigo que no vemos, pero sabemos de su existencia por todas las vidas de las personas que ha cobrado. Esta situación nos hace pensar en la vulnerabilidad y fragilidad a la que estamos expuestos/as y sobre la que debemos reflexionar y actuar.
Enfrentamos un reto sin precedentes, en donde la pobreza y la exclusión se intensifican y se expanden a lo largo y ancho del país, tanto en las ciudades como en el medio rural. Ante contextos tan difíciles no se puede permanecer indiferente con las grandes necesidades que padecen nuestros/as hermanos/as, la capacidad de afrontar algunas emergencias con implicaciones monetarias difiere de acuerdo a las condiciones sociodemográficas y ocupacionales.
Hablamos de capacidad económica para hacer frente a situaciones financieras emergentes, el confinamiento y las medidas establecidas en la mitigación del riesgo, ha comenzado a afectar económicamente a las familias que con el paso de los días irá en aumento, y será más aguda para ciertas poblaciones, entre ellas, las mujeres, quienes viven en las zonas urbanas y rurales donde sino se tiene un ingreso, resulta más difícil la subsistencia. Pero, no solo en lo económico sino también en lo social, en donde las relaciones familiares se tornan cada vez más violentas.
Es claro, que con el actual modelo económico es imposible encontrar opciones para atender a las personas que viven en condiciones muy precarias, es urgente establecer un cambio de paradigma privilegiando un proyecto de vida basado en principios y valores de respeto, derecho y equidad, donde el valor de uso predomine sobre el valor de cambio, construyendo espacios de participación económica donde la toma de decisiones sea del bien común, dando otra mirada al valor del trabajo, del uso del dinero, estableciendo relaciones más justas y equitativas.
Desde el Saber-Hacer, las comunidades en diferentes circunstancias han vivido crisis constantes en la parte económica, conviviendo a diario con una economía, rapaz, fundamentada en la ganancia y la acumulación, ante esta situación han generado diversas formas alternativas asociativas y solidarias para resolver colectivamente sus situaciones económicas, a través, de la Economía Social y Solidaria su base económica financiera tiene rostro humano, con enfoque territorial y comunitario. Fundamentada en relaciones de confianza, solidaridad y reciprocidad que no están escritas, pero se practican y llevan consigo, formas diversas de financiamiento donde se combinan recursos monetarios con capacidades, habilidades y saberes en un espacio común, la comunidad, un lugar donde se vive y se comparte la vida, con principios y valores que tampoco se nombran, pero se practican: honestidad, cooperación, transparencia, colaboración, respeto e igualdad, entre otros. Es así que, hacen tandas, grupos de ahorro colectivo, intercambio de bienes y servicios, practican la mano vuelta, tequio, hay apoyo entre familiares y amigos, generan una vida comunitaria económica muy activa que les permite seguir subsistiendo.
Dentro de este orden de ideas, es importante hablar de Finanzas Sociales Solidarias, donde se pone en el centro, la vida en colectivo. Muchas de estas formas de resolver las diferentes situaciones económicas se están perdiendo en la vorágine de un sistema económico que ha quitado el sentido por el que nace el dinero, como medio para facilitar el intercambio de bienes y servicios que contribuyan al bienestar de las personas, no hay que olvidar que estas Finanzas Sociales, son un medio de contención económico financiero en las familias que las practican minimizando los efectos negativos del sistema económico dominante.
En este momento histórico, es urgente fortalecer y practicar las Finanzas Sociales Solidarias, con rostro humano, colocando en el centro la vida, aprendiendo a hacer un uso eficiente de los recursos con los que se cuenta. Las Finanzas Sociales solidarias nos permiten organizarnos como sujetos colectivos, reconstruir el tejido social, crear vínculos, generar riqueza de forma más equitativa.
La economía familiar en las comunidades requiere una activación en conjunto de todos los sembradores de las CAC, para tratar de mitigar los altos costos de los productos en los mercados. Y llevando acabo el auto consumo de sus productos.
ResponderEliminarGracias por comentar. Totalmente de acuerdo, la economia se activa a partir de un conjunto de acciones colectivas. Que parte de una conciencia de cuidado que comienza en nosotrxs, de un esfuerzo colectivo por lo que como mencionas debe estar presente en las CACs y motivar el consumo lo que producen y se produce localmente fortalece la economía local.
ResponderEliminarEl trabajo de los técnicos, es decir nosotros tenemos la enorme labor de hacer hincapié en este tema que usted menciona muy acertado en nuestro tiempo y momento que vivimos, la conciencia social, emerger desde las CAC´s con estas posturas de consumo de nuestros propios alimentos producidos en nuestras mismas comunidades, es garantía de Bienestar, Social y económico.
ResponderEliminarMuchas gracias por los datos de al principio me parecieron muy interesantes. Desde mi punto de vista que no será fácil porque no hay un pensamiento único y todos experimentan diferentes situaciones socioeconomicas. Si bien esta es para mi una gran oportunidad para contribuir al cambio verdadero, lo cual implica un esfuerzo para la transparencia de los recursos cuando se habla en colectivo, mas cuando se hablan de dineros y cual nos apalancará para coadyuvar al bienestar de las familias.
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